jueves, 22 de septiembre de 2011

La autenticidad de la naturalidad humana vs. La frialdad de la especulación humana

Juan Montaña Martín_
Patrimonio

Invadido por un arrebato de necesidad de huir de uno mismo. Cansado de las cuatro paredes de mi habitación que iban empequeñeciendo y constriñendo poco a poco mi vida, mientras el suelo de desvanecía y mi alma caía al vacío. Me agarré firmemente al primer autobús que pasó, todavía de madrugada, para acabar en la mozárabe ciudad de Teruel.
Como poseído por una sinrazón que se adueñaba de mi destino, me avituallé de latas de conservas y me calcé unas firmes botas de montaña.
Mi subconsciente me traicionaba, iba a llegar pasado mediodía a Albarracín. Sin posibilidad de vuelta. En mi mente resonaban todas las referencias de la gente que había visto la engalanadora villa, los innumerables adjetivos reverenciales y encantadores de sus calles y sus edificios.
Tras un precioso y adormitado trayecto a lo largo del valle del río Turia, llegué a la famosa villa. Contenedora de historia a borbotones, musa de artistas por excelencia, meca de escaladores y montañistas…
El recibimiento fue descarado: HOTEL ***, no desistí y continué andando: Restaurante 4 tenedores… y un sinfín más de carteles sobre productos autóctonos bien sabedores de a quién iban destinados.
Sus singulares callejuelas, estrechas y cerradas entre cubiertas superpuestas bellas en su aspecto se encontraban, sin embargo, vacías de alma. Estrictas ordenanzas municipales fuera de todo sentido que arrancan la vida de las calles prohibiendo tender la ropa en sus balcones; que imperan sobre cómo y con qué construir los nuevos edificios que se erigen, despojándolos de personalidad, de su propio lenguaje, el que es: edificio del siglo 21. Clones idénticos de aquellos otros originales que han sido restaurados, dicen, por proyectores de arena de diámetros desmesurado. Llevándose tras de sí aquello que lo identifica y que lo diferencia, que lo enriquece: la sutil pátina del tiempo.Testigo de épocas, de historias… cargada de sentimientos. Enciclopedia física de la historia del lugar.

Aglomeración de turistas a la entrada a la catedral del pueblo

La frase de la guía de la catedral fue implacable: “…aquí quien no vive del turismo, miente”.
El caso de Albarracín, no es algo aislado, de hecho puede que sea de los más comedidos, pero existen otros muchos casos donde la especulación aparece ligada al patrimonio. Cuando la moral desaparece, y el patrimonio arquitectónico es sinónimo de negocio, se vende la identidad y la historia de edificios, de calles (como la calle Colón en Segorbe, y el proyecto para dejar a la luz toda la “muralla”), de barrios (como el Cabanyal y la conocida ampliación de la avenida Blasco Ibañez), o de pueblos enteros (como el caso de Albarracín o de Safranbolu al Noroeste de Turquía) que subordinan todo su valor al tentador negocio del turismo en masa e insostenible. Creando Port-Aventuras de cartón-piedra donde puedan sacarse asépticas fotografías, de la índole: “yo estuve allí”

calle de Sanfranbolu (Turquía), patrimonio de la humanidad por la Unesco
Por el contrario, en el indiferente puebl-ico de Bezas, que fue mi siguiente destino en el viaje, pude encontrar ese valor de lo auténtico que buscaba, que creo, que queda patente en sus lavaderos públicos.
Lavadero público de Bezas (Albarracín)


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