jueves, 22 de noviembre de 2012

Biennale di Venezia, segunda entrega

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Como los arkitiriteros somos tantos, decidimos que un solo reportaje acerca de uno de los eventos más importantes del mundo de la arquitectura era insuficiente. Yo tuve la suerte de ser el segundo elegido para asistir a la Bienal de Venecia, y aquí va mi pequeña crónica. Al leerla tal vez os entren más ganas de acercaros (o quién sabe si todo lo contrario...), pero eso sí, en el futuro, porque la de este año acaba esta semana!

Como relatar todo lo que vi en 3 días, valorarlo y criticarlo, y además poner alguna foto, me llevaría varias semanas (y a vosotros varias horas leyendo), me limitaré a enumerar las cosas que me parecieron más interesantes, sin ningún orden en especial, y terminaré con una pequeña crítica general:



1. La fundación Querini Stampila, restaurada de manera extraordinaria por Carlo Scarpa en el centro de Venecia, se ha convertido en uno de mis edificios favoritos.



2. El olor a madera cortada en el pabellón de Japón.

(-)
3. La contribución portuguesa, demasiado puritana.


4. El pabellón Nórdico (Finlandia, Suecia y Noruega), de Sverre Fehn, era un edificio amable y apropiado.



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5. La exposición del pabellón danés, que trataba sobre Groenlandia.


6. El pabellón ruso, alicatado de códigos QR hasta el techo, era muy bonito y algo espectacular.


(-)
7. En cambio, el mega-proyecto ruso (Proyecto Skolkovo) que los códigos QR te explicaban de manera propagandística era una verdadera broma de mal gusto.



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8. La saturación de información en el pabellón de Corea del Sur, que te hacía sentir como en Seúl (yo, que soy de pueblo, lo pasé un poco mal)


9. Jan Gehl, urbanista de referencia durante mis años de carrera, decidió que para exponer en la Bienal eran suficientes 4 fotos grandotas y un vídeo proyectado en una pantalla circular (es lo que tiene ser un consagrado).


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10. La contribución con exposición propia de Cataluña y Las Islas Baleares.


11. La exposición paralela "The way of enthusiasts", sobre la arquitectura rusa desde los años 70 hasta hoy, y la Casa dei Tre Oci, edifico donde se encontraba.



(-)
12. La sobresaturación general de exposiciones en las cuales las nuevas tecnologías tenían un protagonismo principal, y a veces, poco justificado (al menos para mí, pero insisto en que soy de pueblo…)


13. El bar sudamericano en medio del Arsenale, con arepas y esas cosas, junto a la exposición sobre el edificio Torre David de Caracas
(uno de los premios de este año)


Como crítica general, noté que la Bienal se encierra demasiado. Vale que los espacios de exposición son espectaculares, pero es que las calles y plazas de la ciudad no se quedan cortas. Entonces, ¿por qué no sacar parte de la exposición a la calle? Además de ser un reclamo para los miles de turistas que ni siquiera han oído hablar de la muestra, es una manera positiva de utilizar el espacio público (al menos, es mejor que la de rodar anuncios o poner puestos de baratijas turísticas). Es verdad que existen plazas con la instalación de algún país participante (recuerdo por ejemplo la de Letonia), pero son muy-muy anecdóticas.
Tal vez aquí tenga que ver el turismo de masas: ¿Cómo plantas una instalación de acero y cristal, con sus códigos QR y sus espejos, sus telas traslúcidas y sus textos en varios idiomas, sin que las numerosas manadas de turistas cámara al cuello se vean molestadas por ella?

No obstante a esto, si vas con la mente abierta la Bienal de Venecia es uno de esos sitios en los que puedes aprender muchísimo, de lo que se debe hacer, y también de lo que no. Así que ya sabéis: empezad a ahorrar desde ya, que Venecia es prohibitiva, y en 2014 os acercáis a ver qué tal.


• Texto de Salvador Carrascosa
• Imágenes de Ceren Kiliç, salvo indicado

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