domingo, 11 de noviembre de 2012

La vivienda en la Unión Soviética II (de III)

Pablo P. · Barcelona


los ciclópeos 4 km. del Complejo Prora

   Entrada ya la segunda mitad del S.XX, es difícil disociar el asumido modelo formal de vivienda colectiva, de los esfuerzos socialistas en cuestiones urbanas, tanto teóricas como prácticas. Como apuntamos, la Unión Soviética se reveló como centro neurálgico de la aplicación de diversos conceptos, la mayoría cimentados sobre el racionalismo, pero que abarcó todo tipo de soluciones. A partir de ahí, el modus operandi fue el de ensayo - error, lo que dio lugar a un campo de pruebas de la praxis urbanística de carácter tan libre, que a ratos no sólo se alineó con los esfuerzos de occidente, sino que en algunos casos, las diferencias fueron imperceptibles, fruto de una retroalimentación que soplaba por toda Europa (y América), especialmente desde Reino Unido.  


Churchill Gardens




Una planta genuinamente rusky. Pero en UK
   Porque si bien hasta los años treinta el modelo predominante es el del tradicional ensanche del S. XIX, esto es, manzanas sobre retícula de interior ajardinado, reinterpretadas bajo la óptica socialista (servicios colectivos, serialización de los espacios) las miserias y esfuerzos económicos provocan un cambio de perspectiva que tiene como punto de partida el inicio de la llamada en Rusia gran guerra patriótica. Las referencias son variadas, pero se pueden apuntar un par de ejemplos de cierta distancia, aunque ésta sea exclusivamente geográfica. Churchill Gardens, de 1949, reúne todas las características que intentaría integrar el commieblock soviético. Complejo residencial londinense de gran éxito, aplica soluciones interesantes en materia de distribución y composición. Otorga importancia a su ubicación y orientación, además de agrupar instalaciones (salidas de humo, saneamiento) y hacer uso de la simetría como medida de ahorro. Si a Churchill Gardens, que aún hoy encaja con dignidad el paso de las décadas, se le puede nombrar como un pariente cercano del modelo comunista, es presumible afirmar que el Edificio Narkomfin es el padre intelectual. Narkomfim fue una de las principales referencias de Le Corbusier (siempre con un ojo en el este) para afrontar el desarrollo del archiconocido Unite d'habitation. Irónicamente, el desprecio de Stalin por el diseño de Moisei Ginzburg, ha hecho de la obra de Le Corbusier un antecedente más claro en los posteriores desarrollos de vivienda colectiva en URRSS, que el propio Narkomfim. Una vez más volvemos a la retroalimentación. 


El tiempo no pasa en balde para el Narkomfim. Tiene 85 años. 


Moisei Ginzburg, una víctima más del estalinismo


   Narkomfim, construido en 1928, es uno de los casos más clamorosos de obra adelantada a su tiempo (característica que junto al estalinismo, provocó que no obtuviera continuidad durante la siguiente década) y sólo su degradado semblante pasto de patologías hace entrever la verdadera edad del edificio. Con su bloque de servicios colectivos, su distribución y ubicación de transiciones verticales y horizontales, anticipa gran parte de los rasgos definitorios del modelo socialista. Desgraciadamente, las duras condiciones de la posguerra hacen bajar la calidad de las viviendas (que no se recuperaría en muchos casos) y aparecer la prefabricación. El Jrushchovka (palabra derivada de Nikita Jrushchov, primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética del 1953 al 1964) o monoblock comparte éxito con el commieblock, éste, a diferencia del primero, creciendo en altura. Los monoblocks, gracias a no elevarse más allá de las cuatro plantas, hacían “prescindible” el ascensor. El ejemplo más extremo de esta tendencia no es ruso, sino alemán, el llamado complejo Prora: 4 kilómetros de edificación lineal a modo de resort Nazi.  En cualquier caso, ambas tipologías, y teniendo en cuenta el gran sacrificio que suponía la primitiva tecnología de prefabricación en materia de confort, provocó un exponencial crecimiento del número de apartamentos. Sólo en Moscú se entregan entre 1958 y 1971 un total de 1.800.000 nuevas viviendas. Nuevos modelos de organización residencial socialista nacen al unísono, como el microdistrito, ejemplificado, por citar un caso popular, en la fantasmal Prípiat, principal víctima del desastre de Chernobyl. A partir de los 50 el modelo es reconocido y aplicado en todo tipo de economías sufridas. Sin salir de la península, un paseo por el barrio bilbaíno de San Inazio traerá a la mente el habitual semblante del barrio commie con todas sus características: colmena de hormigón serializada, altura normalizada, democratización de zonas verdes, simetría...

San Inazio, 1959

Prípiat

   La calidad constructiva deficiente es protagonista de episodios trágicos, como el de Ronan Point, 22 alturas que se vinieron abajo como un castillo de naipes a causa de una explosión de gas, ocurrida en el este de Londres en 1968. Datos sobre hechos de similares características en territorio soviético no existen, por razones obvias. En cualquier caso la calidad de los elementos prefabricados fue mejorando, como apunta Sergio Fernández “El progresivo perfeccionamiento de las técnicas de prefabricación, aplicadas a construcciones elevadas sobre grandes polígonos, representó ya a finales de los años sesenta una fuente de ahorro que permitirá incrementar el gasto en la obtención de una mayor calidad y variedad" Así, atendiendo a la polémica suscitada por la indiferenciación y la falta de confort de los bloques por módulos, finalmente llegan algunas soluciones estéticas. "Se consigue diversificar los tipos edificatorios y sus combinaciones sobre el plano; se emplean colores, murales decorativos para suavizar las medianeras y, a fin de dar identidad a los barrios, se juega con las particularidades regionales y las tradiciones históricas” Argumentación que remite a muy recientes intervenciones, pues el mencionado discurso bien podría albergar su nexo al presente en el Edificio Mirador de sanchinarro, obra de MVRDV 

Ronan Point en Londres

   Pero más allá del resultado práctico de las soluciones, resulta fascinante la idea, el esfuerzo intelectual por dotar de un sentido estrictamente socialista a la planificación urbanística, cómo traducir a las tres dimensiones de un habitáculo toda la corriente del movimiento moderno, con sus pelos y señales. Los profundos esfuerzos (si bien nunca del todo satisfactorios) de crear la ciudad de perfecto calado igualitario. Errónea o no, la naturaleza de estas iniciativas que vinieron del frío, representan hoy la realidad de miles de aglomeraciones urbanas repartidas por el globo, cuya rehabilitación y puesta a punto abre las puertas de un nuevo tipo de experimentación social y formal.

El commie hoy: Edificio Mirador

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