jueves, 11 de agosto de 2011

Mi madre, mi abuela y la urbanalización





Hace ya casi dos años asistí a una conferencia de Francesc Muñoz, geógrafo especializado en urbanismo y diseño de estrategias territoriales. En su interesante y amena exposición nos hizo reflexionar sobre la relación entre los conceptos globalización y urbanismo, sobre cómo se traduce este fenómeno en nuestras ciudades, pueblos y paisajes.

La urbanalización se define como "el lugar en el cual la imagen ha conseguido la ocupación total de la vida social".
Si tradicionalmente las ciudades se configuraban de manera progresiva respondiendo a cierta identidad o idiosincrasia (de sus gentes, de su clima, de los materiales disponibles, de las tecnologías desarrolladas…), ¿qué está ocurriendo hoy en lugares como los centros históricos de Venecia y Barcelona, los frentes marítimos de Buenos Aires o Bilbao, las zonas de urbanización dispersa a las afueras de Los Ángeles, México DF o Berlín?


En palabras del autor, "Emerge […] una nueva categoría de paisajes independizados del lugar, que ni lo traducen ni son el resultado de sus características físicas, sociales y culturales, paisajes reducidos a solo una de las capas de información que los configuran, la más inmediata y superficial: la imagen".
Y si el papel del urbanismo se reduce a eso, la arquitectura, por supuesto, le da la mano: "Amputada de otros contenidos y limitada al mercadeo de las imágenes, la arquitectura aparece así simplificada y reducida a poco más que un anuncio publicitario de la ciudad, en el que arquitectos-marca y edificios-logo aseguran el encaje de lo urbano en las reglas del branding."



Para saber un poco más sobre estos temas (que personalmente me parecen interesantísimos) conviene leerse su libro Urbanalización. Paisajes comunes, lugares globales, publicado en 2008 por la editorial GGmixta y con prólogo de Saskia Sassen.


Pero por supuesto, no siempre es necesario acudir a grandes autoridades en la materia para darse cuenta de algunas cosas.
Hace apenas quince días entré al salón de la casa de mi abuela, en el pequeño pueblo de Almedíjar, y allí estaba ella charlando con mi madre. Una le decía a la otra, "Es que ya no quedan tiendas de nada de nada. Antes ibas a la plaza y tenías lo que quisieras, verduras pues verduras, la leche pues la leche, que necesitabas un poquico de hilo, pues lo comprabas, ¡ahora es que se lo han comido todo!". "Pues claro, con el Mercadona y el Consum, y las casas que están tirando en el centro para que se vean las murallas, ¿qué va a quedar de comercio en ningún lado?".
Sonreí y les dije, "no os preocupéis, que siempre quedará alguna tienda que les venda souvenirs a los turistas". Y se giraron a mirarme y no me contestaron, creo que porque tampoco terminaron de entenderme.

4 comentarios:

  1. ojo! que igual se mordieron la lengua por no entrar en explicaciones socio-económicas sobre la evolución urbanística de los últimos años de la calle Colón.
    Íñaki Ábalos hace una profunda reflexión sobre el cambio de la arquitectura en relación a la actitud social en su libro "Áreas de Impunidad", para quien quiera profundizar más si cabe. Y es que la superficialidad se ha sobrepuesto a cualquier valor en toooodos los ámbitos de la sociedad. Los gimnasios están repletos, la cantidad de tiendas de ropa de moda, los coches que compramos... y también la arquitectura con sus extravagantes formas y pieles exteriores, que a la gente por supuesto le encanta!! Conciencia social = cambio de paradigma

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  2. Hola Salva!!
    Tienes toda la razon del mundo. Yo, siendo de Bilbao, he visto en los ultimos años como ha ocurrido lo que dices. Bilbao, históricamente una ciudad industrial, ha dejado a un lado su identidad y despues de una limpieza de cara se ha quedado deslavado y fuera de contexto. No digo que no hiciera falta una regeneracion entorno a la ria, pero si que era necesaria una regeneracion a partir de su forma, olor y paisaje.
    Buen trabajo Salva!
    Saio

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  3. exactamente, lo que ocurre con muchas zonas de nuestras ciudades es que de tanto lavarlas se les borra la cara, y al final acaban "ecualizadas", todas iguales de tan limpias que están.
    y no es que se abogue por dejarlas sucias ni mucho menos, pero como dices, se puede regenerar un lugar partiendo de él mismo, y no de un catálago de grandes proyectos ya realizados en otros lugares.
    gracias saio y juan!

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