lunes, 17 de septiembre de 2012

En un parque temático (I)

Pablo P. · Valencia

   Una teoría ampliamente aceptada a día de hoy por la mayoría de sociólogos o antropólogos, es que muchos grupúsculos étnicos conservan mejor sus tradiciones e identidades culturales en países extranjeros, que sus paisanos en los de origen. Hay muchos y variados ejemplos, pero no creo que haya mejor forma de ilustrarlo, que con la comunidad china en Nueva York. Sí, sólo has de pasar por chinatown, y más concretamente por Columbus Park,  para observar a cientos de ciudadanos de origen oriental dedicar frenéticamente y con energía inusitada, su escaso tiempo libre  a recitar poesía china, montar representaciones teatrales, o jugar al Go, un juego de mesa estratégico de más de 2.500 años de antigüedad. Tradiciones que quizás encuentren más cerca su extinción en una hipertecnificada Pekín, que en la propia Gran Manzana.

   Y este cuadro no pasa desapercibido, ni mucho menos, para turistas e incluso residentes, que se pasean con sus flamantes cámaras réflex recién adquiridas con el sincero deseo de dar buena cuenta de lo dinámica y policultural de la sociedad neoyorquina. Inmediatamente, justo en aquel momento, vino a mi cabeza la idea de un parque temático. Sí, una suerte de parque temático cultural, ultimo bastión de lo que ya no sirve, o, en opinión de una sociedad moderna, pertenece al reducto de lo "curioso" y "peculiar". Más fútbol y menos latín, que decía aquel ministro español.




   Me paro un segundo a reflexionar sobre mi identidad cultural, y dado que decir que es española es algo tan global que resulta como no decir nada, diremos mediterránea. Algo que puede llevar a engaño en un lugar como Valencia, que ha visto su propia identidad tan dilapidada . No, yo no tengo el recuerdo de las barracas valencianas, con sus cubiertas apuntando al cielo sobre el horizonte de L'Albufera. Más bien me resultan familiares los bloques de pisos sesenteros de chillones colores y desastrosa calidad constructiva, que se elevan a escasos metros de la playa, en toda la costa del levante. Esa imagen, sí forma parte de mi identidad cultural. Y ahora, no sé por qué, me imagino a expertos antropólogos urbanos diseccionando la naturaleza de la Barraca, el Hórreo, o la Masía, para levantar exquisitas y absolutamente fieles reproducciones en un parque temático español, por ejemplo, en Tokio. Sí, existe. Aquí en valencia no quedarán ni cinco en buenas condiciones, pero allí disfrutarán de excelentes reproducciones de un elemento que muchos niños valencianos, no reconocerán jamás. C'est la vie.





Identidad cultural



   De manera que quizás un día vengan entusiastas familias desde Texas o Arizona hasta Almería, a disfrutar de sus raíces culturales, a través de los decorados que se levantaron para que Sergio Leone rodara sus spaghetti western. O no. En realidad Estados Unidos está muy pendiente de lo que es, y de cómo llegó a ser. Ese aspecto de su sociedad sí es apreciable.
   En Port Aventura, una de las cinco áreas temáticas lleva el nombre de Mediterrània. En palabras del propio parque, ésta representa a un encantador pueblo pesquero del Mediterráneo cuidado con perfección hasta el último detalle con recreaciones exactas y elementos originales de pintorescos municipios de la Costa Brava y la Costa Dorada.
 Maravilloso.


Port Aventura


   El trabajo de los decoradores y escenógrafos es genial, doy fe. Y quizás esa representación tan artificiosa sea, curiosamente, lo más cerca que muchas personas tendrán un supuesto "edén mediterráneo" del que es difícil certificar su actual presencia. 

En realidad es triste. O irónico, no lo sé. 
Eso sí, en Port Avetura me lo paso pipa. Espero que un parque temático spanish style en Japón o en USA ofrezca tales dosis de diversión e identidad cultural. Aquí escasean.

6 comentarios:

  1. Yo que soy de Valencia, si he tenido la oportunidad que comer una paella en una barraca de verdad, para despues subir a una higuera y dormirte a su sombra. Me he apoyado en la barca del iaio a vora mar, mientras metes tus pies en la arena y saludas al pescador que lleva 5 horas sentado firmemente ante el mediterraneo. Y es triste que esto haya desaparecido. Es triste ver como la cultura e identidad valenciana es solapada pro "los grandes eventos" y la corrupción. Un día habrá un paeque temático sobre valencia, pero seguro que será de F1, del Papa, o de cualquier otra soplapollez absurda u_u

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  2. joo... que penita me da... Mi abuela siempre dice que nada se muere hasta que no se olvida. Así que ya sabeís lo que tenemos que hacer!

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  3. Coincido mucho contigo, lo que se supone que fue el Mediterráneo español es algo que no conocí en persona, pero las torres en la costa me las comí con patatas desde pequeñín, habida cuenta que veraneé en Salou y Cambrils durante 6 años o así de mi infancia.

    Bonita e interesante reflexión, espero la segunda parte un día de éstos!

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    1. En ese caso hemos compartido ciudad de veraneo. Salou y Cambrils fueron destinos habituales durante mi vida en Tarragona. Recuerdo sus aguas limpias, pero poco más.

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  4. Contra la banalización de los espacios por la cultura de los “no lugares”, aparecen estos espacios de memoria encapsulada, ofreciendo un auténtico campo semántico con el que nos sintamos identificados pero casi siempre desde unos intereses comerciales. La cuestión que me planteo es si tiene sentido esta recreación artificiosa de la que nos habla el artículo, desvinculada de su entorno en aras de su supervivencia, ¿está justificado? ¿es moral? ¿estamos prostituyendo al patrimonio?

    Advierte Joaquín Sabaté que La frontera entre lo que valoramos como parque patrimonial y la construcción de un parque temático es muy tenue, y se puede difuminar fácilmente. En nuestra sociedad postindustrial muchas estrategias comerciales están basadas en la nostalgia y en una intencionada recuperación del pasado donde la ciudad de la ilusión substituye a la vieja y dura ciudad fabril.
    Las iniciativas más serias de parques patrimoniales se plantean desde un uso riguroso de la tradición. El pasado puede jugar en el presente una función social activa, para mantener la propia identidad frente a la aceleración del cambio, frente a las frecuentes crisis sociales y culturales. En cambio reducido a simple testimonio, dicha historia y dicha identidad pueden convertirse en mero espectáculo, en teatro de la memoria, en una mera estrategia comercial de atracción de visitantes.

    Interesante hilo. Estaremos pendientes!

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    1. Sí, parece una línea que a ratos se torna difusa. Aparte de ser un ejercicio que supeditan a menudo a una cuestión, digamos, económica. Efectivamente, la nostalgia mal entendida como herramienta comercial.

      Gracias por pasarte, pronto una segunda parte :)

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